1. Entra por las raíces
Las raíces absorben el agua
del suelo. Esto ocurre gracias a un proceso llamado ósmosis, que es como cuando
una esponja seca chupa agua porque afuera hay más agua que adentro.
2. Viaja por “tuberías”
internas
Una vez dentro, el agua sube
por unos conductos llamados xilema.
Aquí no hay bombas eléctricas:
el agua sube gracias a la presión desde las raíces, la capilaridad (el agua
“trepa” por tubos muy finos) y la transpiración (cuando las hojas pierden agua
al aire, jalan más agua hacia arriba).
3. Actúa como disolvente y
transportador
El agua no solo es agua pura:
arrastra sales minerales y nutrientes desde el suelo. Así la planta tiene
“materia prima” para construir tallos, hojas, flores y frutos.
4. Combustible para la
fotosíntesis
En las hojas, el agua se
combina con el dióxido de carbono (CO₂) y, usando la luz solar, la planta
fabrica azúcares en la fotosíntesis.
La reacción simplificada es:
Agua + CO₂ + Luz → Azúcares +
Oxígeno
5. Mantiene la forma de la
planta
El agua llena las células
vegetales como si inflara globitos. A esa presión interna se le llama
turgencia. Si falta agua, las células se desinflan y la planta se marchita.
6. Regula la temperatura
Cuando la planta “suda”
(transpira), el agua que se evapora enfría las hojas, como un aire acondicionado
natural.
En resumen fácil:
El agua entra por las raíces,
viaja como un tren con nutrientes, alimenta la fotosíntesis, mantiene la planta
erguida y la refresca. Sin agua, la fábrica se apaga.