martes, 5 de julio de 2016

UNA DIETA SANA SEA MEJOR PARA EL MEDIO AMBIENTE, AUNQUE SEA MEJOR PARA NUESTRA SALUD.















El ser humano necesita ingerir una cierta cantidad de calorías, dependiendo de la actividad que realice, para poder vivir.

Las verduras tienen una densidad de calorías menor que otros productos como pueda ser la carne o los productos grasos. Así que para mantenernos tendríamos que consumir en peso más frutas y verduras que panceta de cerdo.
Sin embargo, es más sano consumir lo primero que lo segundo.
Pero, ¿es mejor ser vegetariano de cara al calentamiento global?

Uno tiende a pensar que sí, pero un estudio reciente de Carnegie Mellon University niega esta alternativa, al menos si comemos muchas verduras.
Es más, si se siguen las recomendaciones de la USDA sobre que hay que comer más frutas, lácteos y pescado resulta que aumentan más las emisiones de gases de efecto invernadero que si llevamos una mala dieta.

La razón es que, por caloría, la producción de frutas y verduras emite más gases de efecto invernadero que otros productos.
Así por ejemplo, comer lechuga es tres veces peor en este aspecto que el tocino de cerdo, según Paul Fischbeck.
“Muchos vegetales requieren más recursos por caloría de lo que piensas. Berenjenas, apio y pepinos quedan mal cuando los comparamos con el cerdo o el pollo”, añade.
Este investigador y sus colaboradores analizaron la cadena de suministro de alimentos a la hora de estudiar la epidemia de obesidad de los EEUU y cómo afecta al medio ambiente.
Se fijaron en detalles tales como los servicios de venta y distribución, almacenando, el transporte de alimentos, su procesado o cómo son producidos. Con ello pudieron calcular las emisiones de gases de efecto invernadero, el consumo de agua y el gasto de energía.
Por un lado demuestran que manteniendo nuestro peso bajo control y comiendo menos calorías se obtiene un efecto positivo sobre el medio ambiente (además de sobre nuestra salud) al reducir la emisión de gases de efecto invernadero y el consumo de energía y el agua. El ahorro estimado es de un 9%.
Sin embargo, si se come un dieta sana en la que haya más frutas, verduras, lácteos y pescado, el impacto se eleva en las tres categorías, con un 38% más en el consumo de energía, un 10% más de consume de agua y un 6% más de emisiones en gases de efecto invernadero

La relación entre la dieta y el ambiente es compleja y no siempre algo que es bueno para nuestra salud es necesariamente bueno para el medio ambiente.
Según este investigador es importante que las autoridades conozcan este tipo de limitaciones cuando elaboren guías de alimentación para el futuro.
Obviamente uno de los problemas de las frutas y verduras es su transporte y almacenamiento, que consumen mucha energía y, por tanto, producen emisiones. Por esta razón se recomienda comer productos locales de temporada.

También la producción de alimentos sin usar pesticidas y abonos químicos reduce las emisiones. La pregunta es si la población humana se puede ahora alimentar con estos métodos de producción ecológicos.
Quizás ya somos muchos habitantes para que la agricultura ecológica pueda alimentarnos. Posiblemente ya hemos sobrepasado en 2000 millones de habitantes ese límite.
A lo que hay que añadir los problemas de desertificación, destrucción del suelo agrícola, etc.


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