A través de la transpiración,
este árbol puede liberar entre 20 y 200 litros de agua al día, según su tamaño
y las condiciones climáticas. Al absorber el recurso hídrico del suelo y
expulsarlo en forma de vapor por sus hojas, la moringa contribuye activamente
al ciclo hidrológico, humidificando el aire y ayudando a refrescar su entorno,
especialmente en zonas semiáridas donde esto puede favorecer la regeneración de
ecosistemas.🧐
Además, la moringa tiene la
sorprendente habilidad de purificar el agua. Sus semillas funcionan como
coagulantes naturales, capaces de clarificar y desinfectar agua turbia. Con apenas
unos gramos triturados, pueden potabilizar entre 4 y 10 litros de agua por
gramo, reduciendo la turbidez y eliminando hasta un 99 % de bacterias e
impurezas. De ese modo, esta planta cumple un doble papel hídrico: aporta
humedad al ambiente y suministra agua limpia y segura a comunidades con acceso
limitado a sistemas de potabilización modernos.
Un descubrimiento reciente de
gran relevancia proviene de un estudio publicado en mayo de 2025 en la revista
RSC Advances, en el que se desarrollaron fibras compuestas de celulosa y polvo
de semillas de Moringa oleifera (“CeL-MoFs”) mediante un proceso sostenible de
wet-spinning. Estas fibras demostraron una alta selectividad para adsorber
iones de cobre (Cu²⁺), sin
interferir con otros metales como níquel o
cadmio, sugiriendo una aplicación escalable y ecológica para la eliminación de
metales pesados en procesos de purificación de agua.

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