Como cada hectárea tiene
10.000 metros cuadrados y cada milímetro equivale a un litro por metro
cuadrado, una precipitación de 1 mm aporta teóricamente 10.000 litros de agua
sobre una hectárea.
Si la lluvia alcanza 10 mm, el
volumen total recibido asciende a 100.000 litros por hectárea.
Sin embargo, no toda esa agua queda disponible para los cultivos.
Una parte puede perderse por
escorrentía, evaporación, infiltración profunda o acumulación en zonas bajas.
La cantidad realmente
aprovechada depende de la pendiente, la cobertura vegetal, la textura del
suelo, su compactación y la intensidad de la lluvia.
Una precipitación suave suele
infiltrarse mejor que una tormenta intensa que cae en pocos minutos.
Esta equivalencia permite interpretar los registros del pluviómetro, estimar el
aporte de agua al suelo y decidir si es necesario complementar con riego.
También ayuda a dimensionar reservorios, canales y sistemas de captación de
agua de lluvia.

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