El riego por goteo suele
funcionar entre 0,7 y 1,5 bar, porque sus emisores entregan caudales pequeños y
pueden dañarse o variar su descarga cuando reciben demasiada presión.
La microaspersión normalmente
requiere entre 1 y 2 bar para formar un patrón uniforme alrededor de las
plantas.
Los aspersores pequeños pueden
trabajar aproximadamente entre 2 y 3 bar, mientras que los aspersores agrícolas
de mayor alcance suelen necesitar de 3 a 5 bar.
Los cañones de riego demandan
presiones más altas, cercanas a 4–7 bar, debido al volumen de agua y a la
distancia que debe alcanzar el chorro.
Estos valores son
orientativos, ya que cada fabricante establece un rango específico para sus
emisores.
Además, la presión disponible
disminuye por tuberías largas, diámetros pequeños, filtros, válvulas, codos y
desniveles ascendentes.
Una presión insuficiente
reduce el alcance y genera riego desigual; una presión excesiva aumenta fugas,
desgaste y desperdicio.
Por eso conviene instalar un
manómetro y reguladores de presión para comprobar cómo trabaja realmente el
sistema.

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