Una cámara desarenadora reduce
esa velocidad al ampliar la sección por donde circula el agua. Cuando el flujo
se vuelve más lento, las partículas pesadas pierden la fuerza que las mantenía
en movimiento y caen hacia el fondo, mientras el agua continúa hacia la salida
con una menor cantidad de sólidos.
Para que el sistema funcione
correctamente, la cámara debe tener suficiente longitud y profundidad, una
entrada que distribuya el flujo sin generar demasiada turbulencia y una zona
accesible donde pueda retirarse la arena acumulada.
También conviene incorporar un
pequeño control de salida para mantener estable el nivel del agua. Si los
sedimentos no se limpian periódicamente, reducen el volumen útil y terminan
pasando nuevamente hacia la tubería.
Este tipo de estructura
protege bombas, goteros, válvulas y canales ubicados aguas abajo, especialmente
cuando el agua proviene de quebradas, acequias o captaciones con alta carga de
arena.

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