Empieza cuando una condición peligrosa permanece.
Cuando la exposición se vuelve cotidiana.
Cuando una deficiencia de infraestructura obliga a las personas a modificar su
recorrido, caminar por el arroyo vehicular, acelerar el paso para cruzar o
aceptar como normal aquello que debería corregirse.
Desde la Gestión Integral del Riesgo, esto resulta esencial: no basta con
actuar después del daño. También debemos identificar cómo se construyen las
condiciones que lo hacen posible.
En el espacio urbano, esa secuencia puede entenderse así:
CONDICIÓN PELIGROSA → EXPOSICIÓN → VULNERABILIDAD → RIESGO → POSIBLE DAÑO
Y precisamente ahí está la oportunidad de intervenir.
Antes del siniestro.
Antes de la emergencia.
Antes de la pérdida.
Una banqueta continua, una velocidad adecuada, un cruce seguro, mejor
iluminación, accesibilidad, señalización o una decisión de planeación tomada a
tiempo pueden transformar significativamente la exposición al riesgo.
La prevención no siempre empieza con una gran obra.
A veces empieza con algo más sencillo: observar correctamente la ciudad y
reconocer aquello que hemos aprendido a tolerar.
Prevenir es intervenir antes de que el riesgo se convierta en daño.
¿En qué momento consideras que debería comenzar realmente la prevención en
nuestras ciudades?
miércoles, 16 de septiembre de 2026
EL RIESGO URBANO NO EMPIEZA CUANDO OCURRE LA EMERGENCIA. EMPIEZA MUCHO ANTES.
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