Las coberturas vegetales, como
los cultivos de cobertura, protegen el suelo de la erosión, reducen la
evaporación, aumentan la infiltración del agua y aportan materia orgánica.
La labranza mínima, o siembra
directa, preserva la estructura del suelo, reduce la compactación y conserva
los residuos de cultivos en la superficie.
Los mulches, tanto orgánicos
como inorgánicos, aíslan la superficie del suelo, mantienen temperaturas
frescas, suprimen malezas y reducen la pérdida de agua.
Estas prácticas contribuyen a
una mayor eficiencia en el riego y un suelo más saludable y resiliente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario