La sombra puede cambiar
notablemente la temperatura del suelo. Cuando una superficie recibe sol directo
durante varias horas, absorbe gran cantidad de radiación y puede alcanzar
temperaturas superiores a 40 °C, especialmente en días cálidos y secos. Al
utilizar una malla sombra, parte de esa radiación se bloquea y la temperatura
puede disminuir considerablemente.
Bajo un árbol, el efecto puede ser todavía mayor porque la copa intercepta la
radiación solar y el suelo suele conservar mejor la humedad. Además, la evapotranspiración
de la vegetación contribuye a refrescar el ambiente cercano.
Por eso, los árboles no solo producen sombra: también ayudan a crear
microclimas más frescos, proteger el suelo y reducir la pérdida de humedad.
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