Desarrollo. El IIBI se especializa en la investigación
científica como motor de respuesta a los problemas nacionales, en mayor medida,
aplicados a la agricultura.
República Dominicana ha tenido avances considerables
en materia científica, así lo considera el doctor Plácido Gómez, viceministro
de Ciencia y Tecnología.
La mayor parte de este progreso se ha dado desde
la creación de Ministerio de Educación Superior Ciencia y Tecnología (MESCyT)
en el año 2001.
El referido ministerio es una evolución del
CONES (Comisión Nacional de Educación Superior) que pasó a ser la SEESCYT
(Secretaría de Estado de Educación Superior Ciencia y Tecnología) hasta llegar
a la denominación actual.
“El MESCyT es una institución relativamente
nueva. Entre el 2001-2004 no se hizo nada en materia de Ciencia y Tecnología,
pero a partir del 2004, con la presidencia del doctor Leonel Fernández, se puso
en vigencia un programa de becas y del Fondocyt (Fondo Nacional de Innovación y
Desarrollo Científico y Tecnológico). Con esto se buscaba la formación de estudiantes
como recursos humanos y el financiamiento de la investigación en base
tecnológica a través de ese fondo”, explica Gómez.
La primera convocatoria se hizo en el año 2005. El
funcionario indica que desde ese año ha habido 10 convocatorias para el financiamiento
en proyectos de investigación. Y se han otorgado hasta el 2016 alrededor de
16,000 becas en todas las áreas. De ese número, 1,500 corresponden al área de
Ciencia y Tecnología.
El Fondocyt es el primer fondo nacional para esos
propósitos. Desde el 2005 se ha llevado a la aprobación de más de 300 proyectos
de investigación en universidades e institutos especializados; centros de
investigación, ONG y empresas.
CONTRIBUCIÓN EN CIENCIA Y TECNOLOGÍA
El también doctor en Educación Científica y docente refiere que se ha otorgado el respaldo financiero a proyectos en esta área y se ha ido creando una masa crítica de investigadores: “Antes del 2005 no se podía hablar de una masa crítica de investigación”, afirma.
Plácido Gómez indica que el Estado dominicano empezó a
apoyar la parte científica por medio del mencionado fondo, “y eso ha permitido
que en este momento tengamos una masa crítica que ronda las 1,000 personas
dedicadas a la investigación en República Dominicana”, precisó.
“Hemos destinado 34 millones de dólares en becas
internacionales entre el período 2005-2015. También, al financiamiento en
proyectos de investigación, unos 2,500 millones de pesos en monto comprometido
(a largo plazo).
DEBILIDADES PRESENTES
¿Dónde están esos jóvenes egresados en ciencia? El viceministro de Ciencia y Tecnología responde:
“En las instituciones de Educación Superior. La
mayoría de los jóvenes egresados en ciencia del exterior ha regresado al país y
se ha insertado en el mercado laboral en los sectores productivos (industrias
alimenticias y análisis especializados; químicos y microbiológicos, entre
otros) y de servicios (sector bancario)”. De acuerdo a Gómez, más del 60% se
coloca en trabajos bien remunerados.
Sin embargo, ha persistido la ausencia de herramientas,
estudios y espacios para los egresados en ciencia que han sido beneficiados con
las becas del MESCyT, por lo que Plácido Gómez sostiene: “Se están creando, y
necesita ser fortalecida, la investigación de ese tipo. Hay debilidades que
tienen que ser subsanadas, es decir, que haya un pareo armonioso entre la
necesidad y la beca”.
Asimismo, indica que de ahora en adelante la reciente
ministra, Alejandrina Germán, piensa focalizar las becas hacia necesidades
específicas, para que el joven no sienta ese vacío cuando regrese.
APORTES DEL IIBI
El Instituto de Innovación en Biotecnología e Industria (IIBI) se orienta en la consolidación de múltiples resultados en las áreas de investigación, la biotecnología y la acreditación de la calidad institucional. Agripina Ramírez Sánchez, encargada de Biotecnología aplicada al Medio Ambiente del IIBI, refiere que fue creado durante el gobierno de Leonel Fernández y que las investigaciones que allí se realizan son con la intención de resolver un problema tanto a nivel agrícola como médico, farmacéutico, ambiental e industrial, que son sus áreas de impacto.
Elisa Gómez, encargada de Biotecnología Farmacéutica,
destaca que esta institución hace nuevos productos a partir de los subproductos
agrícolas que no son elegibles para exportación: “Si el plátano o la yuca es
muy pequeño, por ejemplo, le agregamos más valor convirtiéndolos en harina para
cualquier producto de panadería o repostería”.
Las expertas declaran que en el IIBI se hacen
transferencia tecnológicas de los productos que se desarrollan de manera
institucional y se le da seguimiento a través de asesoría técnica a las
cooperativas agrícolas y las visitas sorpresa que realiza el presidente Danilo
Medina.
INTERÉS POR LA CIENCIA
El valor humano de la institución está constituido por profesionales en ciencias. “Tenemos mucha gente de ciencia tanto en los laboratorios como en las áreas de servicio. La mayoría son jóvenes y de la UASD.
No obstante, Agripina Ramírez lamenta que las ciencias
no tengan más valor por los estudiantes como otras disciplinas. Entiende que la
causa por la que muchos jóvenes no se ven interesados es porque no se han visto
informados en qué se desempeñan las distintas áreas científicas. “La mayoría se
enfoca solo por lo docente y no por la parte investigativa, y es porque
quizás no conocen esos centros. Esa chispa del interés ha faltado”, señala
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